Muchas veces el entrenamiento físico se asocia únicamente con lo estético: verse mejor, bajar de peso, ganar músculo. Pero cuando el único motor es externo, la motivación se vuelve frágil. Lo que realmente sostiene un proceso a largo plazo es tener un propósito personal.
Cuando iniciás una asesoría conmigo, ya sea presencial u online, lo primero que hacemos no es movernos: es hablar. Conocerte, entenderte, saber qué te trajo hasta acá. Porque entrenar no es solo hacer una serie de ejercicios; es un camino que tiene que estar conectado con vos.
Quizás tu meta es recuperar energía, aliviar dolores, volver a sentirte cómodo en tu cuerpo, o simplemente tener un momento para vos. Ese propósito es lo que convierte al entrenamiento en algo significativo, y no en una obligación.
El plan que armamos juntos está diseñado para vos, con tus tiempos, tus posibilidades y tus objetivos. Y ese enfoque individual es lo que hace que puedas sostenerlo en el tiempo y ver resultados reales.
No busques motivación afuera. Conectá con tu propósito y el compromiso viene solo.