Podés tener la mejor rutina de entrenamiento, pero si no estás comiendo bien, los resultados se van a ver limitados. La alimentación y el entrenamiento son socios: uno potencia al otro, y si están desalineados, el progreso se frena.
No se trata de comer “mucho” o “poco”, sino de dar al cuerpo los nutrientes que necesita en el momento adecuado. En mis asesorías, especialmente cuando hay un objetivo físico o de rendimiento, trabajamos con un enfoque integral que considera:
- El antes y después de cada entrenamiento
- La distribución de macronutrientes (proteínas, carbos, grasas)
- La hidratación
- La calidad del descanso y su relación con el hambre
Además, una alimentación alineada al entrenamiento te ayuda a recuperarte mejor, evitar lesiones, tener más energía durante el día y sostener tu progreso. No es magia, es estrategia.
Entrenar sin nutrirte es como acelerar sin combustible: te vas a quedar a mitad de camino.