Una de las principales barreras cuando alguien quiere “comer mejor” es pensar que tiene que hacerlo todo perfecto: eliminar harinas, azúcar, comer todo casero, medir porciones, pesar alimentos…
Esa idea es agotadora y muchas veces aleja más de lo que acerca al objetivo.
Desde mi enfoque, la alimentación no es un castigo ni un sistema de control. Es una herramienta para que tengas energía, te sientas mejor y sostengas tu rutina de entrenamiento. Por eso, el primer paso es bajar la exigencia extrema y trabajar sobre hábitos realistas.
Esto significa:
Comer alimentos que te gusten y te nutran
Aprender a organizar tus comidas sin obsesionarte
Incluir todo tipo de alimentos sin culpa ni etiquetas
Escuchar a tu cuerpo, no a la dieta de moda
No busco que te conviertas en un robot de la comida “limpia”, sino que aprendas a elegir con conciencia y flexibilidad. Porque alimentarse bien también es disfrutar, y eso es parte de un proceso que se sostiene en el tiempo.
No es blanco o negro. Hay un camino intermedio donde podés comer mejor sin dejar de vivir.